VIOLENCIA ESCOLAR Y AUTOCONCEPTO MULTIDIMENSIONAL EN ADOLESCENTES DE EDUCACIÓN SECUNDARIA OBLIGATORIA DE LA REGIÓN DE MURCIA

ANA ISABEL INVERNÓN GÓMEZ
CIENCIAS SOCIALES Y RELIGIOSAS, UNIVERSIDAD CATÓLICA SAN ANTONIO
May, 2013
 

Abstract

El Informe que la Comisión Internacional sobre la Educación para el S. XXI presenta a la UNESCO establece que los pilares fundamentales de la educación son, enseñar a conocer, enseñar a hacer, enseñar a vivir juntos, y enseñar a ser. El valor de enseñar a convivir con los demás se interpreta entonces como uno de los principales retos de la educación contemporánea, se trata de un aprendizaje imprescindible para conseguir una sociedad más justa, más pacífica, más solidaria y más democrática. Añade además, que la sociedad del siglo XXI se caracteriza por el pluralismo cultural, étnico, religioso, lingüístico e incluso ideológico. A esta realidad le acompaña un incremento de la violencia y una fuerte tendencia al individualismo que cada vez parece más generalizada. (Delors, 1996.)
Parece inevitable pensar en la idea de que los “buenos modales” han dejado de ser un valor positivo en las relaciones interpersonales, especialmente entre los adolescentes. Cerezo (2007) establece la siguiente idea:

Es frecuente que charlando “amistosamente”, los insultos y gestos violentos sean un ingrediente cotidiano”. Estas formas trascienden a los entornos puramente coloquiales y se exhiben con total despreocupación en casa y en las escuelas. ¿Podemos pensar que la cordialidad ha dado paso a la agresividad? (p.2).

La violencia escolar se ha convertido en los últimos años en la principal preocupación de las sociedades industrializadas. Repasando los periódicos, los debates o las noticias ofrecidas por la televisión en los últimos años, nos damos cuenta de la importancia del problema. Así mismo, las revistas especializadas en educación contienen abundantes artículos, monográficos y editoriales que analizan el tema de la violencia en las escuelas. En definitiva, las investigaciones ponen de manifiesto que existe un verdadero aumento y que se materializa a través de un incremento en las agresiones al profesorado, hacia los compañeros y contra el patrimonio. Este hecho se da sobre todo a partir de la ampliación de la edad de permanencia en el sistema escolar hasta los dieciséis años. (Pino y García, 2007).
La etapa adolescente parece ser la de más riesgo por ser ésta una etapa de especial vulnerabilidad. Díaz–Aguado, Segura, Royo y Andrés (1996) advierten del hecho de que la violencia genera más violencia y convivir con ella aumenta el riesgo de ejercerla o de convertirse en su víctima, especialmente cuando esta exposición se produce en momentos de especial vulnerabilidad como la infancia o la adolescencia.
La convivencia diaria entre los escolares, la naturaleza de la relación entre los miembros de la comunidad educativa, las peculiaridades de la personalidad del sujeto en su maduración personal y los distintos intereses perseguidos por los adolescentes, hacen que en el día a día de los centros educativos, surjan situaciones conflictivas que pueden dar lugar a episodios de violencia escolar. (De la Torre, García, De la Villa y Casanova, 2008).
Investigaciones como las de Pino y García (2007) señalan que las principales conductas violentas que se dan en la escuela se producen durante las explicaciones en el aula, acompañan a éstas otras conductas como llegar tarde a clase, las burlas al profesorado, la falta de respeto del alumnado a sus iguales y las agresiones mayoritariamente verbales, entre otras. Además estos incidentes suelen suceder principalmente en el aula y con menor medida en las zonas exteriores. Suelen ser los mismos alumnos los que repiten las conductas disruptivas y a los que siempre se les abre expediente disciplinarios.
La realidad actual nos lleva a pensar en la necesidad urgente de crear proyectos educativos o movimientos sociales dirigidos a educar para favorecer la convivencia en los centros escolares y en las aulas. Se están llevando a cabo, por parte de los principales organismos internacionales, un número importante de programas y de proyectos pro-activos y preventivos sobre violencia escolar. La UNESCO, con su enfoque de “buenas prácticas”; UNICEF resaltando la violencia estructural y, en particular, la que se produce por discriminación de sexo; y la OMS, con su análisis detallado del tema de la violencia, plantean importantes propuestas (Monclús, 2005).
Cabe destacar en este sentido los principales estudios que a nivel nacional se han desarrollado en España:
- Viera, Fernández y Quevedo (1989): Es el primer trabajo sobre violencia escolar entre iguales que se realiza en España.
- Cerezo y Esteban (1992): Estudio pionero en la Región de Murcia.
- Grupo de trabajo de Rosario Ortega en la Universidad de Sevilla (1990- 2000)
- El I y II Informe del Defensor del Pueblo y UNICEF sobre violencia en la escuela (2002 y 2006 respectivamente)
- Estudio sobre violencia escolar del centro Reina Sofía (2005)
- El Informe Cisneros X. Violencia y Acoso Escolar (2007)

La comunidad científica ponen así de manifiesto su interés por desvelar cuales son los factores que potencian el desarrollo de estas conductas en la escuela y cuáles son los que protegen a los jóvenes de la violencia. Musitu, Estévez y Emler (2007) establecen en este sentido que, los factores externos que se evalúan como factores de riesgo o de protección de estas conductas violentas vienen determinadas por el marco económico y social de procedencia, la calidad de la comunicación entre padres e hijos, la calidad de la interacción mantenida con los profesores, o la actitud de aceptación-rechazo observada dentro del grupo de iguales. Para Cerezo (2002) existen además otro tipo de factores de personalidad que se consideran externos y que también influyen en las conductas violentas en adolescentes, cabe señalar en este sentido el autoconcepto y la autoestima. Estas dos variables se utilizan para predecir la posible participación del alumnado en episodios de violencia escolar.
El autoconcepto es un tema muy estudiado en las últimas décadas por la comunidad científica Shavelson, Hubner y Staton (1976) definen por primera vez su modelo jerárquico y multidimensional, parece de común acuerdo definir el autoconcepto como aquellas percepciones que el individuo tiene sobre sí mismo, las cuales están basadas en sus experiencias con los demás y en las atribuciones que él mismo tiene sobre su propia conducta (Shavelson et al,. 1976).
Es comúnmente aceptada la idea de que hay relación entre el nivel de autoconcepto de un individuo y su conducta en situaciones distintas – el deporte, el rendimiento escolar, la conducta pro-social etc. La activación de la conducta no se produce, pues, de una manera global, sino canalizada dentro de cada una de las dimensiones que integran el autoconcepto general. Como afirma Sampascual (2009) se produce una estrecha relación entre el autoconcepto específico que tiene un individuo y el rendimiento que consigue en las tareas relacionadas con el mismo.
En este sentido, cabe señalar que vivimos en una sociedad de cambios, existen transformaciones a nivel económico, demográfico, político, social. Este hecho, unido a la rapidez en la que se producen los cambios hacen que las diferencias entre generaciones sean cada vez mayores. Las respuestas que requieren los jóvenes en la actualidad no son del todo resueltas por las generaciones anteriores, porque los contextos que han vivido unos y viven otros son distintos: en la familia, en el uso de las nuevas tecnologías, que definen modelos de comunicación y de trabajo, cambios económicos que perfilan nuevos roles sociales etc. Esta situación repercute de una manera lógica en el desarrollo personal de los jóvenes, quienes exigen de una forma cada vez más imperiosa la atención y la respuesta efectiva de sus mayores.
Teniendo como referente el fenómeno de la violencia en el ámbito escolar y la influencia que tiene sobre éste el autoconcepto del adolescente, el objetivo general del trabajo es crear un marco teórico amplio a través de una revisión bibliográfica, y que proporciona las bases suficientes para sustentar un proyecto de investigación en el área. Así mismo, el trabajo empírico proporcionará una visión real de la repercusión del autoconcepto, desde una perspectiva multidimensional, en los alumnos agresores y víctimas de violencia escolar


ISSN: 2254-2035