Anatomía de una integración que no fue

 

Anatomía de una integración que no fue, written by Daniele Benzi

Ediciones Imago Mundi (Buenos Aires), 2017

160 pages

Price:  $ 190

ISBN: 978-950-793-297-7 

Book reviewed by Rafael Domínguez Martín, University of Cantabria  (Spain)

 

 

El presente trabajo es un balance o investigación evaluativa del ALBA-TCP como proyecto de integración. Su autor, Daniele Benzi, aborda el debate sobre la Alianza Bolivariana como construcción teórica, programática e institucional, centrándose en las falencias, omisiones y errores internos de esta innovación institucional de regionalismo contrahegemónico. Situado a la izquierda y con una experiencia de trabajo académico nómada en México, Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador de casi diez años, Benzi analiza el ALBA-TCP, en perspectiva macro-histórica y desde las teorías de la transición hegemónica y del sistema-mundo, en sus vertientes energética (Petrocaribe), social (internacionalización de las Misiones en cooperación triangular), productivo-comercial (empresas grannacionales y Tratado de Comercio de los Pueblos) y monetario-financiera (Banco del ALBA y SUCRE como embriones de una Nueva Arquitectura Financiera Regional). El propósito final es aprender de los errores de la integración que no fue para volver a intentarlo de nuevo, aunque este optimismo de la voluntad resulta –a mi juicio– aplastado por el pesimismo de la razón.

 

El libro, muy bien editado y escrito con un estilo vivaz y punzante, ofrece mucho más que todo eso. Contiene un completo estado de situación sobre el papel que América Latina y el Caribe (con atención especial a Brasil) está desempeñando en el desorden global actual, en medio de la transición hegemónica de los EEUU en declive y el ascenso de China, que deparará, según el autor, “un sistema mundial no capitalista no necesariamente mejor que el capitalismo histórico” (pág. 4). También, plantea –hasta donde lo permiten las fuentes disponibles tanto por falta de transparencia interna como por la manipulación mediática externa– un análisis exhaustivo y crítico de la Cooperación Sur-Sur (CSS) de dos países clave –Venezuela y Cuba– en toda su complejidad, incluyendo la facilidad petrolera de Petrocaribe, la experiencia de la “gigantesca operación humanitaria” (pág. 74) de internacionalización de las Misiones en cooperación triangular, y el fracasado intento de levantar una Nueva Arquitectura Financiera Regional basada en el non nato Banco del Sur. Aborda, asimismo, una discusión crítica de la nueva generación de teorías de la integración regional en América Latina y la carrera académica colateral por ver quién posiciona su marca dentro de las florituras terminológicas que caracterizan los debates escolásticos de la disciplina  de las relaciones internacionales en crisis de irrelevancia acelerada. Se adentra, además, en un debate sobre la orientación tercermundista del proyecto del ALBA-TCP en clave de la recuperación del espíritu de Bandung y el Nuevo Orden Económico Internacional, en el que –por cierto– podría haberse beneficiado a su favor si hubiera recuperado el viejo planteamiento de Dudley Seers sobre la “trampa del tercermundismo” que consiste en confundir gobiernos con países. Y el libro es, por último, una aportación esencial al tema de las causas del fin de ciclo de los gobiernos progresistas de América Latina, precisamente por las dificultades inherentes a gestionar las demandas de los movimientos sociales que entran en contradicción con los objetivos de desarrollo nacional de los gobiernos progresistas en el plano interno, temática en la que China aparece como responsable del proceso de neoperiferización de América Latina en el triángulo más complejo de las relaciones de la región EEUU y el gigante asiático.

 

En este último punto quisiera destacar que Benzi considera un elemento estructural que el principal interés de China hacia América Latina son sus recursos naturales y mercados: si de lo último no cabe ninguna duda, el reciente cambio en la composición de la IED de China en América Latina y la consciencia de que es imposible seguir manteniendo una balanza comercial con tales desequilibrios con América Latina, apuntan a que la reprimarización ha iniciado su punto de inflexión,  como indica el nuevo Documento sobre la Política de China hacia América Latina y el Caribe (2016), en el que, alineados a las nuevas directrices del XIII Plan Quinquenal 2016-2020, se recogen los objetivos de concretar “la diversificación estructural del comercio entre China y América Latina y el Caribe”, mediante “el escalamiento industrial de los países de ALC” y, en definitiva, “el desarrollo tecnológico e industrial de los países de ALC”.

 

En el libro clásico de Paul A. Baran, La economía política del crecimiento, publicado en 1953, se puede leer esta cita: “el que se oponga al dominio extranjero de su país” –dice Baran refiriéndose a Venezuela, Irán, Egipto o Argentina–, “todas las palancas de la intriga diplomática, de la presión económica y de la subversión política, son puestas en juego para derribar al gobierno nacional recalcitrante y reemplazarlo por políticos que estén dispuestos a servir a los intereses de los países capitalistas. La resistencia de las políticas imperialistas… es aún más desesperada cuando las aspiraciones populares hacia una liberación social y nacional se expresan en la forma de un movimiento revolucionario que, apoyado o conectado internacionalmente, amenaza con derribar todo el orden económico y social del capitalismo y del imperialismo. En tales circunstancias, la resistencia se recrudece al formarse una alianza contrarrevolucionaria de todos los países imperialistas (y de sus lacayos de confianza), asumiendo la forma de una cruzada sistemática contra las revoluciones nacionales y sociales”.

 

Aunque ciertamente en el libro de Benzi la sombra de EEUU es alargada (igual que su política insoportable de “doble rasero” y “acoso imperialista”, págs. 18 y 118), nuestro autor no se detiene –deliberadamente– en este factor externo que podría explicar en parte la integración que no fue. Por el contrario, se centra en los factores de orden interno, los mismos que también contribuyen a explicar parcialmente el nacimiento del ALBA-TCP: la lógica rentista de la política exterior venezolana, como sobredeterminación del modelo explicativo, y, como variables intermedias, las tres siguientes: la fragilidad teórica, ideológica, programática y económica del proyecto de integración contrahegemónica, y de todo su aparato conceptual asociado; la contradicción entre la lógica estatal-partidista de los gobiernos progresistas y la lógica autonomista de los movimientos sociales y organizaciones de base; y el lastre del presidencialismo de lo que inicialmente nació de una conversación entre Fidel Castro y Hugo Chávez y que, a día de hoy, sigue sin concretarse en una Tratado Constitutivo por lo que carece entidad jurídica en el Derecho Internacional.

 

Benzi considera demostrada su tesis: el ALBA-TCP no logró ser un proyecto contrahegemónico de cooperación e integración regional viable; es más, adelanta una hipótesis predictiva, a saber, que el “«el regionalismo contrahegemónico» del ALBA-TCP pronto se habrá agotado, es decir, antes de que la aspiración a una integración «alternativa» haya logrado consolidarse o siquiera despegar” (págs. 33-34). La primera afirmación se puede corroborar de una vez con el dato del bajo comercio intrabloque, que, pese al aumento desde sus exiguas relaciones, no rebasó el 10%. La segunda resulta a mi juicio apresurada y veremos si pasa el test de la aceleración del tiempo histórico, tras las próximas elecciones presidenciales en México y la propia Venezuela en 2018: hablar de la “etapa terminal del proceso bolivariano”, (pág. 115) resulta como mínimo aventurado, salvo que consideremos que los enfermos terminales pueden resistir en ese estado casi 60 años, como en el caso de la revolución cubana, que, con Trump, vuelve al momento del bloqueo, lo que exige revisar ya alguno de los juicios del libro.

 

En todo caso, la línea argumental del autor no es predictiva, sino que su evaluación se centra en destacar la brecha entre la retórica de los propósitos voluntaristas y la realidad de las consecuciones, a pesar de las dificultades en muchos casos insuperables de la falta de datos y –añadiría siguiendo a Baran– del cerco mediático que forma parte de la “cruzada sistemática” contra Venezuela. La estrategia metodológica resulta fecunda y contribuye a desmitificar el discurso de CSS e integracionista del ALBA-TCP en justa correspondencia con otros análisis críticos sobre la cooperación internacional del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD). Ello confronta la complacencia de ciertos intelectuales orgánicos, cuya responsabilidad en el fracaso del ALBA-TCP como integración alternativa resulta inocultable tanto por la ausencia de una “crítica vigorosa” (pág. 89) que podría haber servido de revulsivo para mejorar la coherencia de esta innovación institucional, como por la fragilidad de un esquema teórico que no pudo superar las contradicciones entre el neodesarrollismo basado en el neoextractivismo y la industrialización dirigida por el Estado (y su versión débil del desarrollo sostenible minimizador de impactos, pactista con las élites tradicionales y muy poroso a la corrupción político-partidaria) y el pachamamismo (y su versión fuerte de poner límites al crecimiento y ahondar en la redistribución, la democracia participativa y el autogobierno, aunque no se especifique nunca sobre qué condiciones de posibilidad).

 

Sin embargo, y compartiendo la lógica de esa estrategia metodológica, se puede deducir también que el vaso quedó medio lleno, si se procede a contrastar varias vertientes del ALBA-TCP con otros objetivos vinculados a su origen, con otros esquemas integracionistas o con la cooperación internacional del CAD. En primer lugar, el propio Benzi reconoce que “la estrategia política del ALBA-TCP, en lo fundamental, ha sido muy exitosa ante el desafío del bloqueo contra Cuba y para la creación de diques de contención alrededor del proceso venezolano” (pág. 29), lo que, dada la orientación predominantemente política del proyecto, debería colocarse en el haber del mismo por mucho que el autor considere esos objetivos como de “mínimos” (pág. 114): que Venezuela y Cuba le hayan complicado la diplomacia a EEUU hasta el punto de torcer la política tradicional de bloqueo a Cuba (y de paso cambiar la posición común de la UE hacia la isla) no parece un resultado menor. En segundo lugar, aunque Petrocaribe no logró transformarse en un proyecto de integración propiamente dicho ni logró articularse de manera orgánica al ALBA-TCP, fue también un sistema de cooperación energética –“durante el reciente auge de altos precios de los hidrocarburos el mecanismo multilateral de cooperación Sur-Sur más importante en el ámbito mundial” (pág. 53)– exitoso si se mide su performance por la dominante política de un proyecto que se basó en el intercambio de petróleo barato (“aseguró una provisión estable bajo condiciones favorables  que ningún otro país o institución hubiese podido ofrecer”, pág. 52) por votos en la OEA y Naciones Unidas a favor de las posiciones venezolanas o en contra de las de EEUU, revelándose como “una pieza muy importante de la exitosa estrategia de reinserción de la mayor de las Antillas [Cuba] en el sistema interamericano” (pág. 53). En tercer lugar, la generosa CSS del ALBA-TCP, aunque no haya generado una dinámica sostenible –característica que comparte con la cooperación internacional del CAD–, elevó el poder de negociación de los gobiernos integrantes frente a los donantes tradicionales y su industria de la ayuda, a la que contribuyó a sujetar al principio de apropiación nacional (por cierto, que en este punto, la declaración de la UNESCO de Territorios Libres de Analfabetismo para Bolivia en 2008 y Nicaragua y Ecuador en 2009, gracias a la cooperación triangular cubano-venezolana es un éxito relativo espectacular, que contrasta con el fracaso de la ayuda del CAD fragmentada vía proyectos gestionados por ONG durante décadas perdidas en cuanto a ese objetivo). Análogamente, en cuarto lugar, el ALBA, con el Tratado de Comercio de los Pueblos (como esquema propio de tratamiento especial y diferenciado, con mecanismos de no reciprocidad y comercio compensado) permitió salvar a Bolivia del desastre que le hubiera supuesto quedar aislada tras la negativa de Evo Morales de negociar TLC con EEUU (que suspendió las ventajas de su Sistema de Preferencias Generalizadas al país) y la UE; y también, en menor medida, sirvió para ayudar a Ecuador cuando Rafael Correa renunció inicialmente a la negociación del TLC. Ciertamente, aunque el TCP no fue un tratado, permitió mediante sendos acuerdos comerciales con estos dos países renovar el régimen de la Comunidad Andina, como reconoce el autor.

 

Al margen de la cuestión de si el vaso quedó medio vacío en la tradición de la fracasomanía latinoamericana de la que Benzi es seguidor, o medio lleno –que es como yo lo veo siguiendo a Hirschman–, el libro permite plantear varias líneas de investigación, lo que constituye una aportación en sí misma al avance del conocimiento de esta pequeña gran obra. En la dinámica de Guerra Fría caribeña que desató el ALBA-TCP, sería interesante investigar, para los fans de la cooperación descentralizada en su modalidad Sur-Sur, la relación entre el Consejo de Movimientos Sociales y sus Casas del ALBA con los municipios de varios países latinoamericanos ajenos u opuestos a esta integración, como México, Guatemala y Perú, pero también muy destacadamente Colombia. En términos de regionalismo comparado, y aunque parezca contraintuitivo, ameritaría un estudio conjunto del ALBA-TCP y de la Alianza del Pacífico ya que a simple vista muchas de las fragilidades internas señaladas para el primero son aplicables a la segunda, esa “integración profunda” con comercio intrabloque que no llega al 5%, que es dependiente también de los alineamientos políticos presidenciales y que recién ha conseguido ser propiamente un Tratado con reconocimiento de Derecho Internacional. Por último, otra línea que se deriva indirectamente de la elección endogenista del libro de Benzi es qué papel ha tenido la oposición de EEUU en el fracaso realtivo del ALBA-TCP, y, en un plano más predictivo, si EEUU intentará reafirmar su hegemonía regional aprovechando la decadencia de este esquema de integración o, por el contrario, China (que tiene líneas de crédito públicas con Venezuela acumuladas desde 2005 por valor de más de 62.200$ millones y cortó de raíz la última farsa del default parcial asegurando oficialmente la capacidad de pago de la República Bolivariana) intentará fortalecer dicho esquema en su camino imparable hacia la hegemonía global. Queda, por tanto, mucha tela que cortar y esperemos ver pronto nuevos frutos de este programa de investigación, en el que la nueva experiencia académica brasileña de Daniel Benzi arrojará nuevas luces –ojalá no tan pesimistas– sobre el devenir de América Latina.

 

Reviewed by Rafael Domínguez Martín
Universidad de Cantabria (España)

 


ISSN: 2254-2035